Esperanza del ano (sobre la nueva Ley 145)

Todos los días se critica a los legisladores de nuestro país, pero nunca les reconocen cuando logran una ley importante. Si bien es cierto que a veces se entretienen en propuestas inútiles, se hace meritorio aplaudir la nueva ley que otorga acomodos razonables a los puertorriqueños para poder defecar con calma por las mañanas antes de ir al trabajo. Esto constituye una lección para quienes no logran interpretar la esencia de Puerto Rico de forma “macro”, aferrados a la simplista idea de que, con la situación del país, no podemos perder tiempo en hacer caca; así como para quienes se quejan de que nuestras decisiones no son autóctonas ni originales. Tres legisladores, representantes del PNP, PPD y PIP han logrado salvar sus diferencias para demostrar, a través de una compleja indagación, que el ano boricua necesita atención especial. No es secreto que las nalgas más grandes del mundo se encuentran aquí y, como en un cuento de Hemingway mucho más elocuente, se pone en práctica su teoría del iceberg: las nalgas no son el ano, pero sí una consecuencia suya, más allá de la simple apariencia. Philip Hope Percival, quien había guiado al presidente Franklin Delano Roosevelt en su safari en 1909, también lo hizo con Hemingway, quien durante estos viajes contrajo disentería amebiana, causándole un intestino prolapsado. Para los que no conocen esta enfermedad, se trata de que el recto sobresale de la abertura anal. En oposición a la atresia anal (ausencia de agujero), que todos saben padecía Roosevelt, la naturaleza creó un balance, no solo al unir a través de Hope a Hemingway y Delano, sino dándole ese nombre al presidente: “Del- ano”, permitiendo que la vida siguiera su cauce en la Tierra. Pero ahora lo más relevante: Hemingway, escritor de aquel fervoroso poema a Roosevelt, y admirador incondicional del New Deal del presidente, le retiró su amistad por el amor de… una boricua, descrita como “de ancas protuberantes”. Les toca ahora a los puertorriqueños recuperar aquel balance perdido, a través de esta ley llamada: “Esperanza del ano”, en claro homenaje a Hope. De nada valieron las insignificantes críticas de que Delano Rossevelt no era el mismo que Theodore Roosevelt, pero sí eran primos y, con tanto cariño como seguro se profesaban, Theodore le contó a Franklin de sus aventuras en la selva, de Hemingway y, sobre todo, de la boricua nalgona. Para entonces ya el proyecto de ley estaba aprobado, y la gente fácilmente convencida. Si no bastara con todo esto, habría que blandir el argumento de la hiperdesarrollada retentividad anal del boricua, a quien se le olvida lo que ha comido en la pasada elección, y que por cuatro años lo indigesta, lo enferma.

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Ejercicios tibetanos testiculares

huevos

Es para muchos conocido el video que se filtró el año pasado mostrando como un gay empujaba en Santurce a un participante en manifestación que reclamaba tener sexo con perros, como si no tuvieran derecho a pronunciarse, así hasta el otro día protestaban los mismos gays, a quienes trataban como perros y ya nadie se acuerda. Los autonombrados “perristas”, en alianza con varios de los más prestigiosos veterinarios del país, presentaron sus reclamos basados en evidencias científicas de que el ano del perro no sufre más que el de una persona al ser penetrado. Los opositores de esta medida tuvieron una idea brillante: no les prohibirían tales acciones (temerosos del alcance popular que los perristas estaban logrando, aliados, por demás, a un enorme batallón de perros de pelea), sino que, para garantizar la felicidad de los caninos, los actos de sexo debían ser supervisados por aún más prestigiosos behaviouristas facialistas, quienes deberían estar presentes en cada acto de penetración para interpretar, en los gestos de los perros, si estaban satisfechos o no con la acción realizada sobre ellos. Sus elevados honorarios agotaron los fondos perristas, y esto, sumado a que los pitbulls (objeto de deseo preferido de los perristas) no tienen muchos movimientos faciales, hizo que el movimiento cayera en el olvido rápidamente. Si recordamos esa noticia antigua es solo para hacer notar el modo similar en que se está legislando el asunto de las clases tibetanas testiculares, después de que aparecieran anunciadas en varios puntos de la capital hace ya varias semanas. Primero protestaron las mujeres, quienes entendieron estas clases como discriminatorias, pero la Fundación Tibetana de Puerto Rico, proverbialmente escueta, declaró: “Si no tienen testículos, no hay nada que podamos hacer, así dicen las escrituras tibetanas”. Luego siguieron acusaciones de exhibicionismo, pero los ejercicios se llevan a cabo en horarios en que el Museo de Bellas Artes está cerrado al público, además de que se realizan con los ojos cerrados. Líderes de otras religiones se quejaron, temerosos de que tales prácticas gratis representen un problema para la recaudación de sus iglesias, y los miembros de la Fundación, pasando por el ojo de una aguja, les respondieron que nadie se acordará de ellos en el reino de los cielos. A pesar de todos los esfuerzos en su contra y, a diferencia de los perristas, parece que estas clases llegaron para quedarse, lunes tras lunes, desafiando las viejas costumbres, reclamando libertad personal y religiosa, con la idéntica y amigable invitación: “Asiáticos y no, gays y no, transgéneros y no, seres con testículos, quedan todos invitados”.

Gatos asesinos

Empezó el runrún de que hay gatos en el Viejo San Juan atacando a la gente, los turistas y, como todo, salió antes en el Washington Post; los periódicos de Puerto Rico tradujeron con Google la noticia, mal escrita y llena de faltas de ortografía, pero había más en la petición popular a los aspirantes a la gobernación a dejarse arañar en las nalgas por aquellos gatos. “A ver después cuánto aguantan sin irse a atender a una clínica de Estados Unidos”, se dijo. Loca o no, la idea era mejor que ponerlos a cantar y bailar en las noticias. Cesare Lombroso resolvía ese asunto de otra manera: decía que los rasgos físicos son el espejo del alma de los delincuentes, te pone a pensar si confiar o no en Ricky Roselló, en sus ojos azules, en su voz. Y somos curiosos, nos preguntamos por la existencia misma de Ricky, cuánto tienen que ver los Estados Unidos en el pelo rojo de David Bernier, qué cosa biológica tal vez le echaron para causarlo y armar metáforas feas de partidos y colores, inyectando entonces algo azul en los ojos de Ricky. O tal vez un senador de New Hampshire grita a su esposa desde el baño: “Estuve mucho tiempo pensando en la candidatura del Ricky, ¡todo es muy decisivo!” y, en Iowa, blancos de pelos rojos y ojos azules piensan en sus primos Roselló y Bernier, ovejas clonadas, experimentos que dejaron a medias. Y les emociona todo aquello sucediendo bajo el sol de una isla lejana, un Frankenstein dividido que sufre, baila y canta en la televisión, mas no se deja arañar las nalgas por gatos, como si no fuera más que un administrador y mereciera mejor gloria. ¿Quiere Roselló tal vez ser más glorioso: hacer experimentos genéticos y volvernos a todos de ojos azules? ¿Cuánto tendrá que ver Bernier con gases de azufre que quizás nos están echando cada día? Si se enteraran de algo así, ¿cuánto estarían dispuestos a decir y cuánto a callar? ¿Se dejarán arañar en las nalgas por gatos del Viejo San Juan sospechosos de haber adquirido quién sabe qué virus por un funcionario que no quiso pasar por tal procedimiento y pagó, y le pasan la mano, nadie lo viola en la cárcel donde ríen asesinos confesos con dientes nuevos que el pueblo compró y le niega asistencia a otra joven con hueco en la muela que mira envidiosa a los gatos de afilados colmillos sobre su cuello, hundiéndose?

Isla paralela

A una joven le quitan la vida a puñaladas solo días después de engendrar otra, los senos llenos de leche irremplazable goteando en la sangre, balance apurado entre vida y muerte, blanco y rojo mezclados bajo el pedazo de cielo azul que entra por la ventana del hospital; una metáfora de ojos tristes se mueve por los pasillos, va afuera, a las calles, buscando quien le ayude a cargar su culpa, se mete en la piel del que debió ser custodio en el hospital esa noche, pero usaron el dinero para tapiar la ventana de la trágica habitación, cerrar el azul que completa los colores de nuestra bandera- escenario de crimen, la luz que nos descubre lo que en verdad nos está pasando, con la misma tranquilidad de los que asesinan y luego se disculpan como si hubieran dado a alguien un pisotón, porque en la escuela no les enseñaron a identificar la idea principal de los detalles, años perdidos recortando en clases, recortando los mismos árboles que estaban ahí afuera, sin verlos, recortando a Mickey Mouse, sin aprender del sistema sanguíneo del ratón, o peor, del humano y, de recortarlo todo, se pierde el contacto con lo sagrado de la vida, separada del fondo como una escenografía, una ficción extraña, y no parece cierta la sangre que delante de sus ojos salta, y reaccionamos indignados, y se sigue rumorando de “pabellones de justicia” que han aparecido en la Isla, mitad negocio, mitad iniciativa social, talleres de mecánica y lugares similares convertidos en mataderos donde se les permite a personas que ejerzan su venganza, otros simplemente anhelan el Coliseo lleno de asesinos peleando entre sí a machetazos, imaginan ahorcamientos ejemplares en la plaza pública, una isla paralela donde abandonan a todos los criminales, desde niños, mejor así, librados de recortar, de los golpes de sus padres, de las pistolas, del demerol de los desesperados, de los gases contaminantes, la comida basura, los teléfonos, los videojuegos, la educación, el desempleo, los precios, del aburrimiento de no saber qué hacer con la vida, y allí los dejamos podrirse, recortados de nosotros mismos, y el cuchillo sube y baja sobre cada uno de esos corazones asesinos, que es el mismo corazón de nuestra islita, y la mano que mata es nuestra mano. Y, sí, tal vez la muerte los purifique, así como es la crucifixión la coronación de Jesús, o tal vez la muerte no exista, todo una pesadilla del bebé que hoy despierta feliz con la leche que fluye otra vez en su boca, desde el cuerpo vivo de su madre. A lo mejor tenemos suerte y nada es, en definitiva, tan real.

Festival para deambulantes

Al principio protestaron la idea, expresaron reparos éticos y estéticos, nada importante, así que terminó por triunfar el espíritu práctico. La nota oficial lee: “Con el ánimo de preparar a nuestra población y, en especial, a nuestros niños, a enfrentar los nuevos retos del país, les invitamos al Primer Festival para Deambulantes de Puerto Rico, a celebrarse los días 6 y 7 de febrero de 2016. El gobierno federal ha dedicado fondos para la realización de este evento.” Muchos ven amargos en este gesto una despedida de los Estados Unidos; otros agradecen la gentileza de enviar un cheque final y, con ánimo festivo, contemplan este evento como una gran oportunidad para que los puertorriqueños aprendan, y claro, gocen, pues el Festival inaugurará con una comparsa de deambulantes y aspirantes a deambulantes por igual: todos tenemos los mismos derechos a serlo y, sobre todo, las mismas probabilidades. Disfrutaremos de competencias como La jeringuilla escondida, que contará con la colaboración de políticos con cintas rojas y azules (según el partido) amarradas en los ojos para no ver dónde se pone la droga, asegurando así que la actividad se desarrolle con éxito. En el foro teórico podremos disfrutar de conferencias como “El deambulantismo como condición política: estadidad ahora”, “El término homeless como injerencismo descarado: independencia ahora”, y “El sistema carcelario: oportunidad de una vida mejor”, si bien este taller no parece ser demasiado pertinente aquí, donde mucha gente se libra de la cárcel. Las actividades para niños incluyen el taller creativo: “Pintando con pocos medios y sin uso de la tablet”, así como presentaciones de deambulantes de Alaska trayendo historias de sus experiencias con osos. Se ofrecerán talleres de confección de ropa reciclada, agricultura urbana, e interesantes tours, entre los que destaca uno al Caño Martín Peña para coger una infección en una pierna que pueda usarse luego para pedir dinero en una luz con ayuda de pertinentes talleres de teatro y estudio de los sentimientos, así como una conferencia magistral sobre movimientos erráticos, ofrecida por importantes líderes políticos. Muchos esperan que este Festival sea un éxito y, claro, que se repita, porque un buen deambulante no se logra en dos días. Otros exigen indignados la suspensión inmediata del evento pues, si vienen a invitarnos a trabajar la tierra, a hacer nuestra propia ropa, a enseñarles a nuestros niños simples cuestiones prácticas, a aprender cómo el gobierno es responsable de muchas de nuestras calamidades, a entender cómo se sienten las demás personas, a enseñarnos a llorar, ¿que pasaría con nuestra islita?