Ejercicios tibetanos testiculares

huevos

Es para muchos conocido el video que se filtró el año pasado mostrando como un gay empujaba en Santurce a un participante en manifestación que reclamaba tener sexo con perros, como si no tuvieran derecho a pronunciarse, así hasta el otro día protestaban los mismos gays, a quienes trataban como perros y ya nadie se acuerda. Los autonombrados “perristas”, en alianza con varios de los más prestigiosos veterinarios del país, presentaron sus reclamos basados en evidencias científicas de que el ano del perro no sufre más que el de una persona al ser penetrado. Los opositores de esta medida tuvieron una idea brillante: no les prohibirían tales acciones (temerosos del alcance popular que los perristas estaban logrando, aliados, por demás, a un enorme batallón de perros de pelea), sino que, para garantizar la felicidad de los caninos, los actos de sexo debían ser supervisados por aún más prestigiosos behaviouristas facialistas, quienes deberían estar presentes en cada acto de penetración para interpretar, en los gestos de los perros, si estaban satisfechos o no con la acción realizada sobre ellos. Sus elevados honorarios agotaron los fondos perristas, y esto, sumado a que los pitbulls (objeto de deseo preferido de los perristas) no tienen muchos movimientos faciales, hizo que el movimiento cayera en el olvido rápidamente. Si recordamos esa noticia antigua es solo para hacer notar el modo similar en que se está legislando el asunto de las clases tibetanas testiculares, después de que aparecieran anunciadas en varios puntos de la capital hace ya varias semanas. Primero protestaron las mujeres, quienes entendieron estas clases como discriminatorias, pero la Fundación Tibetana de Puerto Rico, proverbialmente escueta, declaró: “Si no tienen testículos, no hay nada que podamos hacer, así dicen las escrituras tibetanas”. Luego siguieron acusaciones de exhibicionismo, pero los ejercicios se llevan a cabo en horarios en que el Museo de Bellas Artes está cerrado al público, además de que se realizan con los ojos cerrados. Líderes de otras religiones se quejaron, temerosos de que tales prácticas gratis representen un problema para la recaudación de sus iglesias, y los miembros de la Fundación, pasando por el ojo de una aguja, les respondieron que nadie se acordará de ellos en el reino de los cielos. A pesar de todos los esfuerzos en su contra y, a diferencia de los perristas, parece que estas clases llegaron para quedarse, lunes tras lunes, desafiando las viejas costumbres, reclamando libertad personal y religiosa, con la idéntica y amigable invitación: “Asiáticos y no, gays y no, transgéneros y no, seres con testículos, quedan todos invitados”.

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